Nací en Vélez Blanco (Almería). Cursé mis estudios en la Universidad de Granada, donde obtuve la licenciatura y el doctorado en la especialidad de Geografía e Historia. He desarrollado mi vida profesional en esta Universidad, donde soy profesora titular de Historia Antigua, y en la que he desempeñado diversos cargos académicos, como el de Decana de la Facultad de Filosofía y Letras, siendo la primera mujer que alcanzaba esa responsabilidad. Durante esa etapa fui elegida Presidenta de la Conferencia de Decanos de las Facultades de Filosofía y Letras de España para representar a todas las Facultades ante las instituciones.
Impulsora de los Estudios de las Mujeres en España, formé parte del grupo de profesoras que creamos el Seminario de Estudios de la Mujer de la Universidad de Granada, la Asociación Española de Historia de las Mujeres, la Asociación Universitaria de Estudios de la Mujer o la Revista Arenal. La Historia de las Mujeres, las mujeres en las sociedades mediterráneas o las mujeres y la paz han sido los temas prioritarios de mi investigación y publicaciones. He impartido conferencias, cursos y doctorados en diversas universidades e instituciones españolas y extranjeras.
He sido Presidenta del Parque de las Ciencias (2000-2008) y diputada en el Parlamento Andaluz en la VII Legislatura. Desde marzo de 2008 soy Diputada por Granada en las Cortes Generales, donde soy la portavoz de Educación del Grupo Parlamentario Socialista.
He formado parte del Comité Federal del PSOE y del Comité Director del PSOE-A. En la actualidad soy miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE como secretaria del área de Educación y Cultura.
He defendido en el Pleno del Congreso de los Diputados una Proposición no de Ley para impulsar la lectura entre la población escolar, con estas palabras.

"La llave mágica del conocimiento es la lectura", afirma un conocido escritor español. Si la lectura ha sido siempre un instrumento cultural de primer orden, en las sociedades del conocimiento se ha convertido en una herramienta básica para el desarrollo intelectual y personal, para la adquisición de nuevos aprendizajes, y para alcanzar los saberes que permitan comprender e interactuar con el mundo. Por ello constituye un elemento de primera importancia para lograr los objetivos educativos y sociales que, como país, nos hemos trazado.
El primer manuscrito de Federico García Lorca o de Francisco Ayala se encuentra en un centro educativo, en el Instituto Padre Suárez de Granada. El Instituto Cardenal Cisneros de Madrid alberga más de 25.000 elementos científicos en su Gabinete de Historia Natural. Los fondos documentales y bibliográficos del Instituto Isabel la Católica, antiguo Instituto-Escuela, guardan una información privilegiada sobre el intento pedagógico de la Junta para Ampliación de Estudios de renovar la enseñanza secundaria y la formación del profesorado.
El Cabrera Pinto de La Laguna, el Aguilar y Eslava de Cabra (Córdoba), el Brianda de Mendoza de Guadalajara, el Cardenal López de Mendoza de Burgos, el San Isidoro de Sevilla y así hasta casi cien centros educativos de toda España atesoran un riquísimo patrimonio científico, cultural e histórico, cuyo valor sobrepasa lo meramente educativo.

El Tribunal Supremo ha dejado claro que no se puede objetar a la asignatura Educación para la ciudadanía y los Derechos Humanos, que ésta es necesaria para la formación de la ciudadanía democrática y que no atenta al derecho de los padres a elegir la formación moral de sus hijos.

Queda zanjada así una polémica artificial, orquestada por los sectores más reaccionarios de la sociedad española y alentada por el Partido Popular. Poco le ha importado al PP que el número de objetores fuese irrelevante, que se alterase el buen funcionamiento de los centros escolares en muchas de las comunidades donde gobiernan, o que la propia noción de ciudadanía, sustento de nuestro sistema democrático, fuese objeto de minusvaloración y desprecio. Ha sido una batalla meramente política. Se trataba de atacar al Gobierno socialista, y el PP no han tenido reparo alguno en utilizar a la educación o en infravalorar la importancia de los valores cívicos para la sociedad democrática.