Nací en Vélez Blanco (Almería). Cursé mis estudios en la Universidad de Granada, donde obtuve la licenciatura y el doctorado en la especialidad de Geografía e Historia. He desarrollado mi vida profesional en esta Universidad, donde soy profesora titular de Historia Antigua, y en la que he desempeñado diversos cargos académicos, como el de Decana de la Facultad de Filosofía y Letras, siendo la primera mujer que alcanzaba esa responsabilidad. Durante esa etapa fui elegida Presidenta de la Conferencia de Decanos de las Facultades de Filosofía y Letras de España para representar a todas las Facultades ante las instituciones.
Impulsora de los Estudios de las Mujeres en España, formé parte del grupo de profesoras que creamos el Seminario de Estudios de la Mujer de la Universidad de Granada, la Asociación Española de Historia de las Mujeres, la Asociación Universitaria de Estudios de la Mujer o la Revista Arenal. La Historia de las Mujeres, las mujeres en las sociedades mediterráneas o las mujeres y la paz han sido los temas prioritarios de mi investigación y publicaciones. He impartido conferencias, cursos y doctorados en diversas universidades e instituciones españolas y extranjeras.
He sido Presidenta del Parque de las Ciencias (2000-2008) y diputada en el Parlamento Andaluz en la VII Legislatura. Desde marzo de 2008 soy Diputada por Granada en las Cortes Generales, donde soy la portavoz de Educación del Grupo Parlamentario Socialista.
He formado parte del Comité Federal del PSOE y del Comité Director del PSOE-A. En la actualidad soy miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE como secretaria del área de Educación y Cultura.
En 2010 se cumplen cien años desde que las mujeres españolas pudieron acceder a la Universidad "sin pedir permiso". Y cien años, también, desde que el título universitario las habilitara para ejercer las profesiones correspondientes y el desempeño de las cátedras. Dos Reales Órdenes de 1910, una de 8 de marzo y otra de 2 de setiembre, terminaban con los largos y enojosos trámites que debían de sufrir aquellas mujeres que, pese a todo, habían decidido estudiar una carrera universitaria, y con el contrasentido y la injusticia que les impedía el ejercicio de unas profesiones para las que habían recibido la misma preparación que los hombres. Y, sobre todo, terminaba, al menos desde el punto de vista formal, la histórica exclusión de las mujeres de los espacios oficiales del saber y del reconocimiento intelectual y profesional.

La nueva Ley de la Ciencia verá la luz este mes de marzo. Nace en un momento importante. La ciencia y la tecnología tienen un peso creciente en las sociedades contemporáneas y una importancia cada vez mayor en la generación del crecimiento económico, la satisfacción de las necesidades humanas o la reducción de las desigualdades sociales.
El conocimiento, la acumulación de saber y su aplicación a los procesos sociales y económicos constituyen, hoy día, uno de los principales elementos vertebradores de las sociedades. Por eso esta Ley debe de ser la palanca de la ciencia española para consolidar y mejorar su posición internacional, y, sobre todo, para contribuir al desarrollo social y al progreso económico de nuestro país. Es tiempo ciencia, de una ciencia propia de la sociedad del siglo XXI.
No se habían acordado de ellos. De esos niños y niñas de piel blanca o morena, de ojos rasgados o grandes ojos negros, de acento diferente. No se habían acordado de sus sueños ni de sus miedos en un país extraño, de sus dificultades para entender nuestra lengua o para encontrar amigos. Se habían olvidado de su derecho a recibir educación. No recordaban, o no sabían, o no querían saber, que la privación de acceso al sistema educativo viola la Convención Internacional de los Derechos del Niño, norma internacional a la que están adheridos los países europeos. Demasiados despropósitos en busca de unos pocos votos. Votos contra educación. La polémica sobre el empadronamiento de las personas inmigrantes ha destapado contradicciones y vergüenzas en una parte de nuestra sociedad, alentada por el posicionamiento de los sectores más conservadores y xenófobos, a los que, desgraciadamente, se ha sumado el Partido Popular.
