
Siempre he dicho que llevo en la vida política muchos años. Porque para mi estar en política es participar activamente de los asuntos públicos, es hacer política ciudadana. Cuando era estudiante luchando por las libertades y la democracia; como mujer, en el movimiento feminista, para conseguir los derechos y el reconocimiento de los que carecíamos las mujeres; como vecina del Zaidin, en su movimiento vecinal, para mejorar las condiciones de vida de miles de personas, o impulsando la vida cultural y la protección del patrimonio histórico. Desde todos esos ámbitos se hace política, se generan ideas, se crea conciencia, se influye en las decisiones y, sobre todo, se refuerzan las redes cívicas que fortalecen la democracia.
He procurado llevar esas ideas y esa bagaje a los puestos de responsabilidad que he tenido. Dirigir la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía me ha permitido desarrollarlas y ampliarlas. También ha sido un aprendizaje constante. En estos años hemos elaborado y aprobado leyes como la Ley Andaluza de Universidades (LAU) o la Ley de Educación de Andalucía (LEA). Hemos impulsado Planes de actuación para reforzar los valores de la igualdad, la solidaridad o la paz como el de “Atención educativa al alumnado inmigrante” el de “Igualdad entre hombres y mujeres en la Educación” o el de “Cultura de Paz y no violencia”. Abrir la educación a las exigencias del mundo actual nos ha llevado a impulsar el Plurilingüismo, las TIC en la enseñanza, y a conciliar la vida familiar y laboral con el Plan de Apertura de Centros. Una experiencia y un aprendizaje que tienen como principales protagonistas a las maestras y maestros, al profesorado, a directores y directoras, a padres y madres.. a mucha gente con la que comparto la pasión y la convicción de que la educación es la piedra angular del futuro de nuestra tierra.