"Del patio a la plaza" fue un programa Medcampus que desarrollamos pensando en el proceso de irrupción de las mujeres desde el espacio público al político. Aquel pensamiento sigue teniendo plena vigencia para mujeres y hombres que hacen que sus elecciones cotidianas tengan cada vez más capacidad de influir en lo público y en lo político. En definitiva que sus vidas tengan mayor poder.
El Tribunal Supremo ha dejado claro que no se puede objetar a la asignatura Educación para la ciudadanía y los Derechos Humanos, que ésta es necesaria para la formación de la ciudadanía democrática y que no atenta al derecho de los padres a elegir la formación moral de sus hijos.

Queda zanjada así una polémica artificial, orquestada por los sectores más reaccionarios de la sociedad española y alentada por el Partido Popular. Poco le ha importado al PP que el número de objetores fuese irrelevante, que se alterase el buen funcionamiento de los centros escolares en muchas de las comunidades donde gobiernan, o que la propia noción de ciudadanía, sustento de nuestro sistema democrático, fuese objeto de minusvaloración y desprecio. Ha sido una batalla meramente política. Se trataba de atacar al Gobierno socialista, y el PP no han tenido reparo alguno en utilizar a la educación o en infravalorar la importancia de los valores cívicos para la sociedad democrática.
En el fondo, quienes han lanzado esta campaña han tratado de frenar con su ofensiva la consolidación de un modelo de ciudadanía activa, que distingue entre los deberes y derechos cívicos y las opciones religiosas individuales. Con ello han pretendido combatir los avances sociales habidos en la sociedad española en las últimas décadas, reconocidos por el Gobierno socialista a través de nuevos derechos. Han puesto en pie un discurso antiguo y reaccionario que recuerda otras viejas polémicas habidas en la Historia de este país cuando avanzaban las opciones más progresistas y democráticas. Poco les ha interesado la educación y su buen funcionamiento, las recomendaciones europeas o la práctica educativa de países que destacan por su educación cívica y su éxito escolar.
Los socialistas celebramos el sentido del fallo del Supremo porque afianza la educación en los valores cívicos y porque devuelve la tranquilidad a los centros educativos. Han ganado la ciudadanía y la educación.
Siempre hemos sostenido que una ciudadanía bien formada, con capacidad para discernir y decidir es el requisito imprescindible de una sociedad civil fuerte y de una democracia avanzada. Conocer los principios en que se fundamentan: la libertad, la igualdad, la solidaridad, la paz, etc., ha sido considerado imprescindible en las democracias occidentales más consolidadas.
Por eso ciudadanía y educación están íntimamente unidos. A vivir en democracia se aprende, el ejercicio responsable de la ciudadanía se adquiere con la práctica. El aprendizaje de actitudes de tolerancia activa, de respeto a los otros, representa un auténtico activo de conciencia cívica de gran trascendencia para la vida en común, en la escuela y fuera de ella. Como sociedad democrática, abierta y moderna, hemos de aspirar a elevar la calidad de la formación como ciudadanos. Y nos jugamos tanto en ello, que la escuela ha de ser, necesariamente, escuela de ciudadanía.
El ruido y la tergiversación desmedida en el debate público sobre el supuesto derecho a al objeción nos han hurtado un debate mucho más profundo y rico sobre la educación cívica. Esta sentencia nos brinda la oportunidad de hacerlo y de lograr que nuestros hijos crezcan más libres y más preparados democráticamente para afrontar los retos de la sociedad actual.
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