"Del patio a la plaza" fue un programa Medcampus que desarrollamos pensando en el proceso de irrupción de las mujeres desde el espacio público al político. Aquel pensamiento sigue teniendo plena vigencia para mujeres y hombres que hacen que sus elecciones cotidianas tengan cada vez más capacidad de influir en lo público y en lo político. En definitiva que sus vidas tengan mayor poder.
El día 30 de enero se ha celebrado el día mundial de la Paz. Miles de centros escolares han llevado a cabo actividades para extender y hacer visible la idea y las prácticas de la paz, su importancia para nuestras sociedades y su imperiosa necesidad en la formación de los más jóvenes. La educación para la paz nos remite a un concepto de calidad educativa que contempla, como parte central de la misma, aquellos valores que fortalecen la convivencia democrática, el espíritu cívico, la cooperación entre los pueblos, el respeto mutuo y la igualdad. Por ello, la construcción de la paz y ser educados en ella es una estrategia imprescindible para el futuro de nuestras sociedades.

En este sentido, las instituciones educativas e investigadoras son el ámbito idóneo para desarrollar una formación profunda, continua, programada en el tiempo y adaptada a los diferentes niveles de conocimiento del alumnado, que conduzca a los jóvenes a la consideración serena, crítica y documentada de la necesidad y de la urgencia que la humanidad tiene de construir un mundo presidido por la gran idea de la paz.
Hoy en día, el concepto de paz es lo suficientemente amplio como para no vincularlo de modo exclusivo a la mera ausencia o al cese de la guerra. Sabemos que la verdadera paz va indisolublemente unida al impulso por crear situaciones de justicia, igualdad y solidaridad en el conjunto del planeta.
A nadie se nos escapa que el mundo global en el que están creciendo nuestros jóvenes está repleto de prácticas solidarias, pacíficas y de cooperación entre grupos, personas y pueblos que contribuyen al bienestar humano, pero donde también hay guerra, violencia, uso de la fuerza individual y colectiva, desigualdades o violación de los derechos humanos que generan dolor, miseria, destrucción y muertes. No se trata de negar u ocultar la existencia de los conflictos, todo lo contrario. Se trata de reconocerlos, de comprender por qué y cómo se producen, y, sobre todo, de enseñar a regularlos de forma pacífica, a través del diálogo, la negociación y la mediación.
La paz tiene que ver, pues, con los derechos humanos, con la regulación de conflictos, pero también con los procesos de desarrollo orientados a la satisfacción de las necesidades humanas más fundamentales.
Al hilo de todas estas consideraciones podemos sostener que la paz no es un estado de hecho, una situación más o menos estática, sino que la paz es un proceso imperfecto, algo que se construye día a día, una dinámica que ha de estar presente en todos los ámbitos de la vida humana. Por lo tanto, para vivir en un mundo pacífico no basta con desearlo, ni con hacer grandes proclamas o declaraciones, es imprescindible entrenarse para la paz, practicar las vías pacíficas hasta conseguir hacer de la nuestra una cultura de la paz.
De ahí que la paz se convierta en una estrategia educativa imprescindible en la formación de la nueva ciudadanía. En el Preámbulo de la constitución de la UNESCO se dice que es en las mentes de los hombres donde se han creado las guerras y es en las mentes de los hombres donde tenemos que crear los baluartes de la paz.
Una juventud crítica con los fenómenos de la violencia, que pone énfasis en las relaciones pacíficas entre los pueblos, que valora y ensalza los derechos humanos, que establece relaciones de solidaridad y cooperación en sus prácticas cotidianas, que aprende a escuchar para comprender la multiplicidad de voces y culturas en las que nos expresamos, que preserva al planeta, es la mejor esperanza para alcanzar el mundo que tantas veces decimos querer y soñar.
No se trata de un asunto secundario, ni es un adorno humanitario para salvar las conciencias. Estamos hablando de los medios de los que van disponer las futuras generaciones para dirigir este mundo.
Hoy necesitamos ensanchar la cultura de paz, desde las instituciones, desde las organizaciones ciudadanas, desde los ámbitos cotidianos. Y la escuela juega un papel fundamental. Es, sin duda, una forma de entender la educación que conlleva futuro y esperanza.
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