"Del patio a la plaza" fue un programa Medcampus que desarrollamos pensando en el proceso de irrupción de las mujeres desde el espacio público al político. Aquel pensamiento sigue teniendo plena vigencia para mujeres y hombres que hacen que sus elecciones cotidianas tengan cada vez más capacidad de influir en lo público y en lo político. En definitiva que sus vidas tengan mayor poder.
Florencia tenía apenas dos años cuando partió hacia el exilio junto a sus padres y a su abuelo. Como miles de republicanos españoles embarcaba en el Mexique en Burdeos en julio de 1939, y dejaba atrás lo que pudo ser un proyecto de vida en libertad y democracia en la tierra que la había visto nacer. Eran gentes trabajadoras, de origen humilde, sindicalistas, republicanos. Meses antes habían cruzado la frontera huyendo de la represión franquista en Cataluña. Ella, como tantas otras niñas y niños, marchaba a un país que les acogió de forma solidaria. Allí, en Méjico, encontraron trabajo, ayuda y consuelo. Pero el sueño de volver lo cultivaron con mimo todos los días de su vida.

Conocí a Florencia hace algunas semanas en Vélez Blanco. Había venido, por fin, a conocer el pueblo donde habían nacido su abuelo y sus padres. Hablamos, con emoción, de su vida en Méjico y de la reverencia y reconocimiento de los exiliados españoles hacia el presidente Cárdenas; de la JARE, que los apoyó en los primeros momentos, y, sobre todo, del sueño de volver, de la añoranza de sus padres que, a su entender, murieron de tristeza al poco de llegar. Me habló de su abuelo, de la fortaleza y el temple de aquel viejo velezano que la crió, que hizo de padre, de madre y de abuelo, del sindicalista de CNT que guardaba como un gran tesoro, junto a sus firmes ideales, su velezana partida de nacimiento y una vieja foto de la Virgen de los Dolores de su pueblo. Con ella volvieron esos dos tesoros del abuelo, y una fotocopia de su cédula de embarque en el Mexique.
Setenta años después, ha podido recorrer unas calles que casi conocía sin haberlas visitado, ver desde lo alto del Castillo los campos donde su padre y su abuelo trabajaban a jornal y de sol a sol, cuando había trabajo, y beber agua de unas fuentes que siempre le dijeron que eran de extraordinaria frescura. Quería comprobar si los relatos del abuelo eran invenciones o eran realidad. Le sorprendió reconocer expresiones suyas en las nuestras, sus canciones de niña con las que aquí se cantaban, y que el pueblo era aún más bonito que el que su abuelo tantas veces le había descrito.
No pude sino volver a pensar en lo mucho que perdió España en esas fechas. Cuánta gente hubo de partir al exilio, cuando no perder la vida, por defender la libertad y la democracia: intelectuales, maestros y maestras, profesionales, trabajadoras y trabajadores, una ciudadanía con conciencia democrática. Quienes salieron al exilio dejaron su fértil huella en la tierra de acogida, y así se les ha reconocido. Decía hace poco el escritor mejicano José Emilio Pacheco, Premio Cervantes 2009, que su trabajo era inexplicable sin los republicanos: "Mi nacimiento coincide con la llegada del Sinaia - otro de los barcos con exiliados-. Es incalculable lo que me dieron no sólo en la cátedra y en los libros, sino también en el aprendizaje extraoficial de las redacciones y los cafés y las salas de las casas".
Me emociona pensar en todo ello, en tanta gente que vio rotas sus ilusiones, quebrados sus sueños; en las posibilidades truncadas de desarrollo para este país; en las vidas perdidas; en como muchos tuvieron que reinventar su vida en tierras lejanas, y en cómo transmitieron sus valores y saberes. Me rebela que, aún hoy, haya gente en este país que se niegue a reconocer el horror pasado en aquellos primeros años del franquismo, y el terrible exilio exterior e interior sufrido por tantos españoles durante esa negra etapa de nuestra historia. Pero también me emociona saber que allí, en el exilio mejicano, aún viven mujeres y hombres que sueñan con España, y que algunos vivieron, años antes, en unas calles más arriba de donde yo nací. Todo ello me da fuerzas para redoblar mi compromiso social y político.
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