Cándida Martínez López

Historiadora, Investigadora de Estudios de la Mujer, Profesora de la Universidad de Granada, Diputada del PSOE


Entre el patio y la plaza

"Del patio a la plaza" fue un programa Medcampus que desarrollamos pensando en el proceso de irrupción de las mujeres desde el espacio público al político. Aquel pensamiento sigue teniendo plena vigencia para mujeres y hombres que hacen que sus elecciones cotidianas tengan cada vez más capacidad de influir en lo público y en lo político. En definitiva que sus vidas tengan mayor poder.

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Bitácora, Cándida Martínez

06/07/10 14:57 ¿Hay ofertas culturales para niños y niñas en verano?

El mes de julio y las vacaciones escolares suelen ir siempre de la mano. Atrás quedan las aulas, los "profes", la presión final de las notas. Feliz descanso para quienes hayan culminado con éxito su curso. Pero, ¿qué oferta cultural tienen los niños y niñas durante el largo verano? ¿Cuántos libros leerán? ¿Se organizarán conciertos, representaciones de teatro o visitas a Museos para ellos? ¿Cuántas horas pasarán delante de la televisión? ¿Qué ofrecerán las televisiones para el disfrute cultural y la buena educación de millones de niños y jóvenes?

Me surgen estas preguntas al hilo de dos situaciones vividas en las últimas semanas. La primera, derivada de los debates sobre el Informe de la Evaluación General de Diagnóstico realizada por el Ministerio de Educación a los niños y niñas de Educación Primaria de toda España. En él se pone de relieve que el éxito escolar está estrechamente relacionado con el nivel de estudios de los padres y, de forma muy especial, con el número de libros que tienen en casa. Es decir, el logro de los objetivos educativos tiene mucho que ver con los tiempos y programas que se planifican en el ámbito educativo, pero también con el ambiente familiar y social que se crea en torno a la lectura. Dado que los sectores más conservadores no suelen mencionar una circunstancia tan relevante para diseñar políticas educativas de auténtica igualdad, la quiero subrayar con trazo grueso, pues ello nos permitirá pensar de otro modo la oferta cultural necesaria para niños y jóvenes más allá del espacio escolar.

La segunda situación se produce en un ámbito mucho más cotidiano, a través de la conversación con un grupo de madres, preocupadas por las horas que sus hijos pasaban delante del televisor en vacaciones, con "las cosas tan malas que ponen".

No trato con ello de contraponer libros a televisión. La Televisión, como ventana abierta al cosmos, contiene en sí grandes potencialidades formativas, culturales, educativas. Sin embargo, los juicios que merecen muchos productos televisivos son, sin duda, negativos. Quizás, una parte importante del problema que enfrenta a ciertas emisiones televisivas con la dimensión educativa y cultural radica en que no siempre los presupuestos de negocio, y a veces ideológicos, que los rigen -mal justificados por "lo que pide la audiencia"- coinciden o son compatibles con los criterios estrictamente educativos e incluso culturales. En palabras de Victoria Camps, catedrática de Ética y presidenta que fue de la Comisión especial sobre los contenidos Televisivos en el Senado Español: "Una televisión que sabe que cuenta con el público infantil no puede ni debe obviar las dificultades y las finalidades de la educación ”

Elevar el nivel cultural de los niños y niñas, -de todos-, es una responsabilidad social que sobrepasa las paredes de los colegios. El acceso a las manifestaciones culturales por parte de los jóvenes, como participantes o como creadores, debe de ser objetivo de nuestra sociedad. Las ciudades, los Museos, las Televisiones, las organizaciones culturales deberían tenerlo entre sus prioridades. Y, sobre todo, pensar en quienes tienen más dificultades para acceder a aquellas.

Recordemos que, a diferencia del pasado, en el que la educación -en sus dos dimensiones primordiales: la escuela y la familia - controlaba, por así decir, casi por completo las fuentes de información, en la actualidad, tanto el sistema educativo como el mismo ámbito familiar, han perdido el monopolio de la transmisión y configuración de conocimientos, valores, habilidades, etc.. que constituían el centro de toda formación. Hoy en día, han de compartir su influencia con otros medios poderosos que difunden información, saberes, instauran valores, crean opinión, contribuyen a determinar pautas de conducta y tantas otras formas de ejercer un ascendiente sobre la población.

Es, pues, un buen momento, para pensar nuevos enfoques en la relación entre nivel cultural y sistema educativo, entre televisión y educación, y sobre los vectores que sustentan algunas programaciones culturales.

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