"Del patio a la plaza" fue un programa Medcampus que desarrollamos pensando en el proceso de irrupción de las mujeres desde el espacio público al político. Aquel pensamiento sigue teniendo plena vigencia para mujeres y hombres que hacen que sus elecciones cotidianas tengan cada vez más capacidad de influir en lo público y en lo político. En definitiva que sus vidas tengan mayor poder.
Entre lo siete saberes imprescindibles que, en opinión del filósofo francés Edgar Morin, deberá afrontar el sistema educativo para llegar a ser relevante y significativo, figura enseñar en la comprensión -interpersonal, intergrupal y a escala planetaria-. Una comprensión que no excusa ni acusa, porque si sabemos comprender antes que condenar estaremos en la vía de la humanización de las relaciones humanas. Hay muchas ocasiones en nuestra vida cotidiana en las que esta reflexión de Morin es oportuna y necesaria, pero la recordé con motivo de la actuación de nuestra diplomacia en el asunto de los presos de Cuba.

Puede que haya diferentes modos de resolver cuestiones complicadas, pero es indudable que la desconfianza, la posición altiva y arrogante, las palabras gruesas o la descalificación de personas y sociedades contribuyen poco a gestionar los conflictos de forma pacífica. Es más, suelen enconar las relaciones y hacerlas más difíciles. Puede, incluso, que al final consigan vencer, y que los vencidos se sientan como tal, pero ello conlleva más dolor y deteriora más las relaciones entre las gentes y los pueblos. Esas heridas, bien lo sabemos, anidan en la memoria, y ejemplos tenemos en nuestra reciente Historia. Por ello es mejor la ética de la comprensión que pide argumentar y refutar en vez de excomulgar y anatemizar.
Que la comprensión, además de ser mejor moralmente, es también más eficiente, lo ha demostrado hace pocos días Miguel Angel Moratinos. Su actuación en el asunto de los presos políticos de Cuba ha sido una excelente muestra del significado de la misma para resolver una situación humana y política. Ha sido un buen ejercicio para demostrar como una forma de entender y ejercer la diplomacia puede regular conflictos y ayudar a mejorar las condiciones de la vida de personas y zonas del planeta. Moratinos podía haber caído en la demagogia simplificadora -es verdad que no es su estilo personal e intelectual-, de la que, por desgracia, alardean los sectores conservadores de este país. Pero ha preferido el trabajo sereno, el diálogo, el bien pensar, el acercamiento empático. Frente a quienes descalifican y desprecian, ha optado por la comprensión como medio y fin de la comunicación humana. Y al contrario de quienes siguen tratando a Cuba como una ex-colonia díscola, ha procurado tender puentes que permitan eliminar sufrimiento, defender la dignidad humana, avanzar en derechos humanos, mejorar las condiciones de vida de las gentes.
Decía Concepción Arenal que «cuando no comprendemos una cosa, es preciso declararla absurda o superior a nuestra inteligencia, y generalmente, se adopta la primera determinación». Enhorabuena por afrontar el reto inteligente de la comprensión y por el éxito con ello conseguido. Enhorabuena por reforzar una manera de estar en el mundo, y, sobre todo, por el mensaje educativo que ello comporta para tantos jóvenes en este mundo globalizado.
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