"Del patio a la plaza" fue un programa Medcampus que desarrollamos pensando en el proceso de irrupción de las mujeres desde el espacio público al político. Aquel pensamiento sigue teniendo plena vigencia para mujeres y hombres que hacen que sus elecciones cotidianas tengan cada vez más capacidad de influir en lo público y en lo político. En definitiva que sus vidas tengan mayor poder.
Tres mujeres se suman al pequeño grupo que en poco más de cien años han sido galardonadas con el Premio Nobel de la Paz. Enhorabuena a las tres y a todas las mujeres del mundo. Más allá de las biografías facilitadas en estos días, destacan como mujeres luchadoras, comprometidas, valientes e inteligentes que con sus acciones están contribuyendo a hacer de sus países y del mundo un lugar con más paz, más democracia, más igualdad y más dignidad. En ellas están representadas muchas mujeres que en espacios reducidos o amplios alzan su voz y multiplican sus acciones, en situaciones extremadamente difíciles, para promover la paz y los derechos de las mujeres. Porque no puede haber paz si las mujeres no disfrutan de la igualdad y la libertad que les asegure su dignidad como personas.

Sus nombres y experiencia vital bien merece ser celebrada y reconocida. Son realmente excepcionales. Ellen Johnson Sirleaf, primera presidenta africana elegida de forma democrática, se ha dedicado con tesón a afianzar la paz en su país tras la dura guerra, de ahí su preocupación por un desarrollo económico equilibrado y justo y por los derechos de las mujeres imprescindibles para consolidar la paz. Leymah Roberta Gbowee, también liberania, impulsora desde 2002 del movimiento pacifista y multiétnico Women of Liberia Mass Action for Peace, contribuyó de forma decidida a poner fin a la segunda guerra civil en su país con imaginativas, valientes y potentes acciones públicas. La yemení Tawakul Karman encarna la lucha por los derechos de las mujeres, la democracia y la paz en su país y lidera el grupo de Mujeres Periodistas Sin Cadenas creado en 2005, a pesar de los enormes problemas que ello le ocasiona.
La relación entre las mujeres y la paz ha sido una constante en nuestra historia desde sus orígenes, y se reforzó cuando los primeros movimientos de las mujeres unieron el derecho al voto y la lucha por al paz. Sufragismo y pacifismo y luego feminismo y pacifismo se han dado la mano en múltiples ocasiones para justificarse o reforzarse mutuamente. Decía Aletta Jacobs, una de las impulsoras del histórico movimiento internacional de mujeres por la paz, que “el sufragio para la mujer y una paz permanente irán siempre unidos. Cuando las mujeres de un país piden con ansiedad el voto, y el país está dispuesto a concedérselo, es señal de que el país está maduro para una paz permanente”.
No es, pues, la primera vez que se reconoce la íntima unión entre la paz y los derechos de las mujeres, ni tampoco que una mujer es galardonada con el Premio Nobel por ello. Pero considerar que la lucha en favor de los derechos de las mujeres contribuye a la paz del mundo es un avance notable que incorpora un perspectiva sobre la paz alejada de aquella que la relaciona sólo con ausencia de guerra, reforzando la que la une a bienestar, igualdad, libertad y dignidad. La democracia y la paz en el mundo no serán viables mientras los derechos de las mujeres no alcancen a todos los rincones del planeta y las mujeres puedan ser protagonistas de sus propias vidas y del mundo en el que vivimos.
Gracias a las tres por acercarnos a ello.
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