"Del patio a la plaza" fue un programa Medcampus que desarrollamos pensando en el proceso de irrupción de las mujeres desde el espacio público al político. Aquel pensamiento sigue teniendo plena vigencia para mujeres y hombres que hacen que sus elecciones cotidianas tengan cada vez más capacidad de influir en lo público y en lo político. En definitiva que sus vidas tengan mayor poder.
En 2010 se cumplen cien años desde que las mujeres españolas pudieron acceder a la Universidad "sin pedir permiso". Y cien años, también, desde que el título universitario las habilitara para ejercer las profesiones correspondientes y el desempeño de las cátedras. Dos Reales Órdenes de 1910, una de 8 de marzo y otra de 2 de setiembre, terminaban con los largos y enojosos trámites que debían de sufrir aquellas mujeres que, pese a todo, habían decidido estudiar una carrera universitaria, y con el contrasentido y la injusticia que les impedía el ejercicio de unas profesiones para las que habían recibido la misma preparación que los hombres. Y, sobre todo, terminaba, al menos desde el punto de vista formal, la histórica exclusión de las mujeres de los espacios oficiales del saber y del reconocimiento intelectual y profesional.

"Ni la naturaleza, ni la Ley, ni el estado de la cultura en España, consiente una contradicción semejante y una justicia tan evidente. Merece la mujer todo apoyo en su desenvolvimiento intelectual, y todo esfuerzo alentador en su lucha por la vida", decía la Orden de 2 de setiembre. Antes hizo falta que muchas mujeres traspasaran los umbrales prohibidos del espacio formal del conocimiento, y que estuviesen dispuestas a sufrir el rechazo y hasta la maledicencia. No fue fácil, pero lo consiguieron. Detrás de todo ello había un movimiento de mujeres ilustradas, cultas, luchadoras, reivindicativas; la experiencia de miles de maestras que creaban y llevaban saberes básicos a las niñas de los pueblos y ciudades españoles, y muchas trabajadoras que incorporaban al movimiento obrero sus reivindicaciones como mujeres. Y no lo olvidemos, un renovador pensamiento, el feminista, que daba sentido y sostenía su acción individual y colectiva.
Cien años para traer a la memoria y rendir homenaje a aquellas mujeres singulares, capaces de enfrentarse con las añejas, anquilosadas y misóginas estructuras universitarias españolas: Concepción Arenal, Dolores Alleu, Elena Maseras, María Goyri... y, también, para agradecer a otras mujeres, universitarias de hoy, que hayan sacado a la luz la trayectoria individual y colectiva de aquellas intelectuales españolas. A María Ángeles Durán, por aquel lúcido "Mil años de ausencia: la mujer en la Universidad española" de comienzos de los años ochenta. A Rosa Capel, por sus pioneros trabajos sobre la educación de las mujeres españolas. A Pilar Ballarín por descubrirnos el innovador pensamiento educativo de las maestras españolas. A Teresa Ortíz, por darnos a conocer las primeras mujeres que se abrieron paso en las profesiones sanitarias. A Consuelo Flecha, que ha investigado con rigor y mimo a las primeras universitarias españolas... A tantas otras. Es necesario saber que hubo mujeres que abrieron puertas hasta entonces cerradas para ellas, y que la igualdad y la libertad que hoy disfrutamos se debe, en gran medida, a su empoderamiento, a la lucha por sus convicciones e ideales, y a su empeño por ocupar espacios hasta entonces negados. Reconocerlas, nombrarlas y prestigiarlas también prestigia a las mujeres de hoy.
Cien años como homenaje a todas las que con su trabajo, sus ilusiones, su inteligencia, sus sinsabores, su valentía, su entrega, ampliaron los caminos por los que las mujeres de hoy podemos transitar para construir un conocimiento mejor y sin exclusiones.
CEEAASS el día 11/03/10 23:17
El principio constitucional de igualdad va más allá de una igualdad entre personas de distinto sexo. Sin perjuicio de que sea un buen propósito el fomento de la igualdad entre hombres y mujeres, nos gustaría ver dicho principio traducido a una igualdad real entre los ciudadanos.
Los alumnos y profesores de los centros de enseñanzas artísticas superiores no tienen los mismos derechos que los alumnos y profesores universitarios. Muchos de estos centros, que la LOE incluye dentro de la "educación superior" están sometidos a una falta de democracia constatable en el miedo del profesorado a contrariar a sus directivos. Los claustros se vuelven así inoperantes. Mientras la universidad se mueve en parámetros de democracia electiva, nuestras comunidades educativas están más próximas a las relaciones feudo-vasalláticas que a otro sistema social.
¿Hasta cuándo, Sra. Martínez?
¿Por qué teniendo CEEAASS un amplio respaldo social el PSOE se niega a escucharnos?
¿Tienen miedo ahora ustedes de reconocer que se han equivocado con la política educativa que afecta a nuestras enseñanzas?
Seguimos esperando que se abran al diálogo: más vale tarde que nunca!
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