Cándida Martínez López

Historiadora, Investigadora de Estudios de la Mujer, Profesora de la Universidad de Granada, Diputada del PSOE


Entre el patio y la plaza

"Del patio a la plaza" fue un programa Medcampus que desarrollamos pensando en el proceso de irrupción de las mujeres desde el espacio público al político. Aquel pensamiento sigue teniendo plena vigencia para mujeres y hombres que hacen que sus elecciones cotidianas tengan cada vez más capacidad de influir en lo público y en lo político. En definitiva que sus vidas tengan mayor poder.

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Bitácora, Cándida Martínez

04/03/11 11:06 Segregadas

Otra vez el viejo debate: niños y niñas en escuelas separadas. Tres décadas de democracia, los esfuerzos de las mujeres españolas por la igualdad y los avances educativos de estos años no han servido para desterrar la vieja idea de que mujeres y hombres necesitan una educación diferente. Esta es la última propuesta que, en materia educativa, ha llevado el Partido Popular al Congreso de los Diputados. Su apuesta por la privatización de la educación, bajo la fórmula del derecho al concierto educativo, se refuerza ahora con que tal derecho ampare aquellos centros cuya pedagogía se base en la separación de niños y niñas.

La escolarización segregada, mayoritaria en el pasado, fue consecuencia de una concepción de la sociedad que atribuía patrones culturales y destinos diferentes para mujeres y hombres, base de la desigualdad y exclusión de las mujeres. En España estrenamos el modelo de escuela mixta hace apenas cuarenta años. Esta escuela, junto a las transformaciones culturales habidas en la sociedad española, ha sido el modelo que ha permitido un avance de dimensiones desconocidas en nuestra historia educativa. Mucho más en el caso de las mujeres. Las cifras hablan por si solas. En 1982 había seis millones de personas analfabetas, de las cuales el 62% eran mujeres. En la actualidad, además de erradicar prácticamente el analfabetismo, el porcentaje de personas que han finalizado los estudios universitarios se han multiplicado por 3,4 en el caso de las hombres y de 5,2 en el de las mujeres. El cambio experimentado en pocos años no tiene parangón en nuestra historia en logros académicos y en materia de igualdad.

Si esto es así, ¿a qué viene ahora introducir este debate en el Congreso de los Diputados? ¿Por qué cambiar un modelo que ha resultado satisfactorio? En realidad este debate no había desaparecido del todo; ha estado subyacente en estas décadas, ligado a ciertos sectores sociales y religiosos conservadores que, con viejos y nuevos argumentos, han tratado de mantenerlo y ganar terreno para sus concepciones. Los argumentos en favor de las escuelas separadas, o diferenciadas como gustan llamarles, no son ya los de la sociedad del siglo XIX o el franquismo. Hoy se ofrecen razones “más científicas” como la diferencias biológicas que repercuten en los diferentes procesos de maduración o las diferencias de comportamientos y actitudes de niños y niñas. Eso sí, desaparece lo social, volvemos a la esencia.

Argumentación moderna para un recurso antiguo: la naturalización de las desigualdades, que permite poner bajo sospecha el concepto de igualdad, como ha señalado con acierto Marina Subirats. Y con ello unas concepciones pedagógicas sobre los procesos de maduración de niños y niñas que, aplicados al conjunto del alumnado, podrían desembocar en una peligrosa segregación -en aulas o grupos- de todos aquellos que “necesiten una pedagogía diferenciada” según su proceso de maduración. Y conocemos bien la diversidad existente en nuestras aulas. ¿Cuál será el nuevo patrón?

Sabemos que no basta con la escuela mixta. Pero no es segregación lo que necesitamos, sino más coeducación y más educación para la igualdad real entre mujeres y hombres. La segregación ya ha tenido una larga historia de fracaso y desigualdades como para volver a ella con el endeble reclamo de escuela de éxito.

Más coeducación para acometer los problemas existentes. Si compartimos la vida y la sociedad y hemos de construirla conjuntamente, necesitamos entendernos, partir de unos códigos comunes, algo tan básico en los procesos educativos. Si niños y niñas aprenden a convivir, a compartir y a regular pacíficamente los conflictos desde las edades más tempranas tendrán menos dificultades para hacerlo en la edad adulta. Sé que eso requiere esfuerzos e incorporar nuevas formas de trabajo que refuercen la igualdad real. Hay experiencias maravillosas en numerosas escuelas españolas. Aprendamos de ellas. No sólo habrá más éxito escolar sino que tendremos mujeres y hombres más preparados y más felices para afrontar en igualdad una vida común.

Arturo el día 04/03/11 18:54

Cuando todos sabemos que en los países más avan-
zados y competitivos,la mujer jugó y juega un
papel importantísimo.

Cuando todos los países europeos luchan por eli-
minar las diferencias de ambos sexos, en asuntos
laborales y domésticos.

Hay que remitirse al verbo "ser diferente".Que
sería más menos así:I am different,You are diffe
rent,We are different.!Spain is different!

!Somos diferentes Sres!!Ahora!Todo el mundo a dar pasos para detrás.
Y es que no tenemos otra cosa que hacer.
Hay que tratar de destruir lo que está bien hecho.Es decir que tanto los niños como las niñas se sienten en el mismo pupítre,hablen,
se miren,aprendan,discutan y compartan.

!Sr.!,!!Sr.!Ayúdales porque no saben lo que hacen.

Un cordial saludo.//

Jóvenes en Libertad el día 08/03/11 16:56

Lo cierto es que estoy de acuerdo con usted, la escuela mixta es un gran avance, desde mi punto de vista es un mejor sistema educativo, en el que todos nos relacionamos con todos, no unos con unos y unas con unas, aprendemos de las diferencias y de las igualdades de todos y todas.

En lo que no estoy de acuerdo, y me parece que es juntar churras con merinas, es en que este sistema haya conseguido menor analfabetismo en las mujeres, pues si ahora en los colegios separaran a los chicos de las chicas, esto no significaría que hubiera un mayor número de personas analfabetas (porque entonces sería lo mismo que afirmar que para que las mujeres no sean analfabetas tienen que ser educadas con hombres, y eso es una gran falacia).

Apostar por la escuela pública, mixta y gratuita en la que se eduque en valores aceptados por la mayoría (éticos, cristianos, universales...) es apostar por una educación de calidad.

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