"Del patio a la plaza" fue un programa Medcampus que desarrollamos pensando en el proceso de irrupción de las mujeres desde el espacio público al político. Aquel pensamiento sigue teniendo plena vigencia para mujeres y hombres que hacen que sus elecciones cotidianas tengan cada vez más capacidad de influir en lo público y en lo político. En definitiva que sus vidas tengan mayor poder.
Wallada, una poeta de Al-Andalus del siglo XI, bordó en en su vestido unos versos suyos que decían: Juro por Dios que soy digna de todo lo alto y por mi camino orgullosa voy. Estos versos de la poeta cordobesa contienen dos aspectos que aún hoy tienen plena actualidad, la reivindicación de la dignidad y capacidad de las mujeres y la libertad para elegir su camino. Recordaba este poema en un acto organizado por el PSOE de la ciudad de Granada para hablar del necesario empoderamiento de las mujeres si se quiere lograr una ciudad más igualitaria, más compartida, más abierta y más creativa.

Recordé también esa dignidad y libertad de las mujeres cuando vi en televisión la serie dedicada a Clara Campoamor, que defendió contra viento y marea el voto de las mujeres en un medio hostil y desconocido para ellas. Fue una suerte que se colara en la pequeña pantalla la determinación, la fortaleza y la inteligencia de aquella mujer singular. Y traje a mi memoria los miles y miles de mujeres que, desde distintos ámbitos, públicos y privados, han tenido la grandeza de miras, el coraje y la capacidad de romper los viejos estereotipos que negaban nuestras capacidades y, con ello, nuestra presencia individual y colectiva en los espacios del saber, del poder, de la cultura o del reconocimiento público.
Diez siglos después de aquellos versos, y ochenta años desde que conquistamos el derecho al voto, mucho ha cambiado la sociedad y mucho hemos cambiado las mujeres. Pero la participación plena en el ejercicio del poder sigue siendo una de las esferas de preocupación de las mujeres. La Conferencia de Pekin de 1995 puso el acento por primera vez en el empoderamiento como uno de los principales medios para mejorar la vida de las mujeres y del conjunto de la población. También el informe sobre el desarrollo Humano del PNUD señalaba que éste debía de ser parte sustancial del paradigma del desarrollo humano sostenible. Porque el futuro y el pleno desarrollo económico y social no se producirá sin contar con la participación plena de las mujeres.
El empoderamiento de las mujeres conlleva un enfoque del desarrollo humano y del ejercicio del poder ciertamente transformadores del mundo. Implica un desarrollo sostenible e igualitario, que exige una redistribución de poder a todos los niveles y en todos los sectores. Supone un aumento de poder de las mujeres para que se expresen todas las potencialidades y para que se profundicen los cambios estructurales. Requiere un aumento de poder compartido, es decir poder con las y los demás, que lleva a que el conjunto sea superior a la suma de las partes. Un aumento, en definitiva, del poder interior de las mujeres, es decir de autonomia personal, de autoestima individual y colectiva y de habilidades para resistir el poder de otros mediante el rechazo a las demandas indeseadas.
Y supone también descartar el ejercicio del poder sobre, el tipo de poder más conocido y practicado, y del que las mujeres hemos sido objeto durante siglos, en particular del latente e invisible, es decir, del poder controlador que marca las reglas del juego, el que decide qué se decide, y cuyas decisiones no son siempre ni visibles ni transparentes.
Es tiempo de mujeres porque es tiempo de cambios. Es tiempo de mujeres, convencidas de nuestra dignidad para acceder a lo más alto, porque se necesitan todas las potencialidades y no se pueden desperdiciar los conocimientos, la experiencia y las capacidades femeninas. Es tiempo de mujeres que eligen su camino, porque necesitamos toda la creatividad para un tiempo complejo.
Decidí escribir este texto el día de la manifestación del 8 de marzo en Madrid, rodeada de magníficas compañeras y cuando vi la foto que nos hizo Inma Mesa a algunas de las mujeres del Comité Federal del PSOE, y que acompaña esta entrada de mi bitácora. Es mi modesto homenaje a todas vosotras.
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